Es una de esas tardes, lo sé. Durante el día, algunos motivos de irritación y muchos de cansancio. Los dos o tres aprovechados de siempre que se aprovechan porque los que deben impedírselo miran directamente hacia otro lado. Una larga lista de cosas pendientes que, cierto, van saliendo adelante, pero tan lentamente que a veces desespera. En los pasillos, los cafés, los periódicos, la aburrida conversación (pocos hablan del trasfondo del asunto y aún menos los que tratan de adivinar las consecuencias, yo anticipo que serán desfavorables) sobre las famosas cinco palabras reales. Un hueco para la separación. Pienso que yo también estoy separado y divorciado. No es un trago de gusto, en ningún caso. Completa la lista de chascarrillos el infumable comunicado (habrá que oír sus letras) de ese músico bebedor y pendenciero que demuestra a las claras que no aprovechó su bachillerato pagado por todos (lo mejor para su vanitas es que los pasajeros, casi todos mexicanos, no le conocían de nada). La noche que ya se ha cernido sobre esta ciudad. Mañana se anuncian lluvias y una máxima de 8ºC. ¿Lloverá donde viven mis hijos? Me da demasiado pereza comprobarlo en la red. El ruido del tráfico que no cesa. A veces no sabe uno qué demonios echa de menos si es que lo que a uno le ocurre es echar de menos algo. Chi lo sá.
(del diario de un jardinero desazonado, noviembre de 2007)