lunes, 12 de mayo de 2008

Soterrar el tren, ganar un paisaje

Con este título, la Universidad de La Rioja organiza un curso acerca del paisaje que va a generarse sobre la trinchera del ferrocarril una vez enterrado éste (cuándo se concluirá el asunto es difícil de prever, con seguridad no antes de un lustro: pero es el momento de ir pensando en lo que se verá después de semejante obra).

En todo caso, deberá ser sin duda una muestra del paisaje que viene: un ajardinamiento previsto de más de 6 kilómetros de longitud que ligará dos partes de la ciudad hoy desvinculadas. Y producirá, eso esperamos, una reactivación jardinera que modificará el paisaje urbano de Logroño dejando atrás la jardinería municipal más bien convencional que se ha venido haciendo hasta ahora en la ciudad, como en tantas otras de España. Un reto. Una mirada al futuro.

Los detalles se pueden ver en El paisaje del soterramiento, un blog que informará del desarrollo del curso y, previsiblemente, de otras cosas conexas.Todos los paisajistas, jardineros, diseñadores, arquitectos, ingenieros, biólogos y demás personas con conocimientos afines están llamados a participar. Os esperamos.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Nuevo estado

¿Abuelo? ¿Ya?

(del diario de un jardinero ¿prematuramente? envejecido, 7 de mayo de 2008)

lunes, 5 de mayo de 2008

La mirada inversa

Vuelta desde Madrid, otra vez el viaje, otra vez tiempo para la mirada perdida, el vistazo rápido sobre los campos y el horizonte, nítido hoy, otra vez disponibilidad para pensar o perderse en ensoñaciones.

La vista desde el tren, rápido, rápido, permite atisbar casas y fincas, un depósito de chatarra, una fábrica perdida en el recodo de un camino. No se ve a nadie. Pero cuando los montes se alejan y se abre por la ventanilla un escenario más amplio entonces surgen arroyos escondidos entre juncos, trigales que crecen en soledad, árboles en lejanía, un serpenteo de caminos sin asfaltar. El viaje en tren facilita la mirada sobre el paisaje y estimula, a la vez, la querencia por la mirada desde el otro lado: detener el tren, descender al valle y, enseguida, quedar todo en silencio. Recorrer entonces esos caminos que van hacia los árboles atravesando trigales, serpenteando a lo largo de arroyos que ahora ya no veo desde mi ventanilla, fugaz para el paisaje que me mira, que me ve apenas desaparecer en el interior de una serpiente blanca y violeta que, arrojando chispas en el crepúsculo, se pierde a lo lejos.

Queda todo en silencio.

(del diario de un jardinero, ido y venido, mayo de 2008)